A propósito de la proximidad de las Olimpiadas no está de más pensar qué tanta influencia tiene este tremendo país en la cultura popular. Desde las "chinas" que acompañan a los huasos hasta las obleas ídem para los dolores de cabeza y musculares. La porcelana China es un lujo (uno asiático, para concordar con la idea central), pero durante mucho tiempo algo hecho en China (Made in China) era sinónimo de baja calidad, de algo desechable. Ahora con la llegada de los autos chinos no sé si será tanto el prejuicio. Trabajar como chino, sufrir como chino... son expresiones que se usan para describir un trabajo o un sufrimiento descomunal, fuera de los parámetros normales. Llamamos chinos a culaquier persona que tenga rasgos orientales o que tenga los ojos un poquito rasgados (de hecho el sobrenombre de mi papá de chico era el chino -apellido-). A los chilenos nos gusta la comida china (aunque la que comemos no lo sea de verdad, sino una adaptación), en especial los arrolladitos Primavera y las colaciones de almuerzo con arroz y carne con verduras.El norte está lleno de Chifas. El chancho chino quedó en la memoria nacional. Para qué hablar de Los Hijos de Putre y su éxito "El chinito constructor"...
Hace tiempo que no tenía esa linda sensación de estar en el lugar adecuado en el momento propicio. Como cuando me subí en Playa Ancha a una micro solitaria y en el asiento escogido muy arrugado había un billete de mil pesos que me salvó para los pasajes de la semana. Ahora fue diferente: caminando un rato con Estudioso -mi señor esposo- por el barrio donde vivieron mis padres en su niñez, escuchamos salir desde el Galpón bautizado como uno de los candidatos a los Grandes Chilenos (participe en el relato, señor lector) unos acordes melodiosos bien bonitos. Las puertas estaban abiertas, así que nos asomamos un poco para ver. En el escenario había cerca de una docena de zampoñeros que tocaban mejor que cualquiera que hayamos escuchado antes. Ya, nos pareció entretenido y nos asomamos un poco más. Era un ensayo, se notaba. Como nadie nos dijo ni preguntó nada, seguimos mirando, cuando desde la izquierda salen un par de rucios, un moreno crespo y un pelado, con flauta traversa, violín, guitarras... ¡Flairck!, le dije y sí, eran ellos. Estuvimos casi media hora escuchando cosas lindas (entre ellas la Llorona, la que cantaba Chavela Vargas). Salimos contentos y con el pecho apretadito.
Qué linda es la época de los por qué, cuando una semillita de curiosidad brotaba en nuestras cabezas. Queríamos saber la utilidad de los rascacielos, de los arcoiris, por qué las letras suenan de una manera determinada, cómo se llaman algunos animales, cómo crecemos, qué ropa usa la gente en Mozambique... Como que de repente la curiosidad se adormece un poco, despertando de repente, sin estar siempre atenta como antes. Me pasa cuando tengo una duda que busco el diccionario, o la enciclopedia, o Google (lo que tenga más a mano) porque no me gusta la sensación de quedarme con la duda. Desde chica tengo el ñoño divertimento de hojear los diccionarios, me gustaban especialmente las ilustraciones del Sopena. Hablando de explicaciones: Me gusta explicar cosas. Me gusta que me expliquen cuando no entiendo. No me gusta que traten de explicarme algo que sé, como que siento que me subestiman (pura paranoia mía debe ser). Me gusta que me pregunten sobre algo que estoy hablando, esa interacción me motiva. Amigos, amigas: pregunten, pregunten.