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jueves, 8 de enero de 2009

Las canas


Desde hace un año en mi cabeza hay una explosión de pelos blancos. Siempre tuve uno que otro, pero ahora se decidieron a tomar algunas zonas, como las sienes. No me hago mayor problema, porque de una u otra forma estaba preparada para el tema; desde que lo conozco (31 años, toda mi vida) mi padre tiene el pelo blanco, cual Kenny Rogers o Papá Pitufo, así que la genética hace lo suyo. El problema es que junto con las canas hicieron su aparición las "líneas de expresión", construcción que describe a las no tan queridas arrugas de la cara. Todo coincide con nuestra llegada a Santiago después de una apacible existencia provinciana. La contaminación, el apuro contagioso y el gris de la ciudad se traspasa a la gente. Lo vivo en carne propia y en pelo propio.
Nunca me he pintado el pelo, pero si el avance sigue a este ritmo, el próximo año estaré cotizando tinturas, pero encuentro tan extraños los pelos pintados que obviamente quieren disfrazar las canas. En cuanto a las arrugas, de vez en cuando me echo una cremita de vitamina E.
Pasan los años y uno va ganando cosas, las arrugas y las canas son signos de que hemos vivido nomás. Tampoco me gustaría llegar al extremo de algunas "celebridades" que parecen muñecos de cera de tanto estirarse y tienen pelos tipo muñeca vieja.