jueves, 15 de mayo de 2008

Libros , libros


Desde chica me han gustado. Sueño con una biblioteca enorme, un sillón cómodo, buena luz y mucho tiempo, ¡por los clavos de Cristo!, jajaja, es que estoy leyendo una novela sobre los orígenes de Nueva York y los personajes usan expresiones como esa.
Lo bueno de las novelas históricas es que uno se mete impunemente en la vida privada de grandes personajes, sin la culpa que puede producir el chisme cotidiano... el hecho de que las palabras estén impresas y que se trate de la reconstrucción que muestra la forma de vida de una sociedad antigua da permiso para inmiscuirse. Uy, ni hablar de los enredos moralmente reprobables de la mitología grecorromana, que dejan chicos a varios criminales actuales.

Si lo vemos así, soy una vieja chismosa, pero letrada.




miércoles, 14 de mayo de 2008

Meter la pata


Hay muchas maneras de hacerlo; desde comentarios desubicados, confundir a alguien, sentar juntos a los que se caen mal, derramar la copa al servir, dejar las llaves adentro, no apagar la luz (o en casos extremos la plancha) antes de salir el fin de semana. Una vez un amigo literalmente metió la pata en un montón de caca de chancho. A veces no nos hacemos entender y queda la escoba.
Pucha que cuesta reconocerlo en algunos casos. Las metidas de pata existen, primero porque somos humanos y segundo porque necesitamos lecciones de humildad constantemente, por lo menos eso se me ocurre a mi.
¿De qué metida de pata se acuerdan? (que se pueda contar)






El error ahí pudo ser el bailecito de Leroy Gomez... juzgue usted.

martes, 13 de mayo de 2008

¿Película de Fraggle Rock?

Todos mis sueños ochenteros se están volviendo realidad, ¿es hora de temer?



Y para seguir en la onda:

Ojo piojo


Que arroje la primera piedra quien no se haya sentido atraído por husmear en la vida del prójimo, sea el vecino, la estrella de las revistas o en una -en apariencia inocente- novela. Esos detalles sabrosos que le ponen picardía al asunto cuando contamos qué fue del compañero de curso perdido, de cómo se ve esa niña que tan mal nos caía (aunque uno mismo rebase- léase chorree- los cánones estéticos) y de los chuecos que tiene los dientes el político de la entrevista.
Que si es o no es raro, que si se tiñe o no las canas, que si combinaba el cinturón con los zapatos.
Hay gente mandada a hacer de fijona. Aunque punto aparte es que anden comentando sus observaciones, que una cosa es mirar y otra derechamente pelar.
Somos tan re buenos para mirar y condenamos a los sapos, raro eso.
¡Todos a croar!