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martes, 4 de junio de 2019
Nube de duda, duda de nube
En la mañana íbamos mirando y conversando con las pequeñas. Por un rato la cordillera estaba enmarcada por nubes coloradas y hablamos de ellas, del viento, del agua, el sol, el color. Salió la duda de que si se llamaban arreboles los del atardecer y los del amanecer o dependía de la hora cómo se les dice. Quedamos de ir a la biblioteca a buscar un libro sobre las nubes. Me ahorré decirle que con un clic y un tecleo podríamos saber igual, porque prefiero mil veces que vayamos a bucear entre hojas impresas, que busquemos estantes, números, páginas.
lunes, 11 de octubre de 2010
Federico
Siguiendo con el recuento: no sé la fecha exacta en que escuché o leí por primera vez sus versos, pero siempre me parecieron conocidos. En la Antología de Don Neruda que tenía mi papá había unos versos tristes, con una fuerte tristeza. Ese "Federico, ¿te acuerdas?" me llevó a revolver la biblioteca familiar para buscarlo. Así me encontré con la luna, luna, con el verde, verde, con la pena negra que hace llorar jugo de limón y con el viento que ciñe a la niña por la cintura, con Antoñito y Santa Olalla. Ay, Federico, que sentía, sentía.
Uno de los homenajes más lindos, escritos por el poeta rancagüino
jueves, 15 de mayo de 2008
Libros , libros

Desde chica me han gustado. Sueño con una biblioteca enorme, un sillón cómodo, buena luz y mucho tiempo, ¡por los clavos de Cristo!, jajaja, es que estoy leyendo una novela sobre los orígenes de Nueva York y los personajes usan expresiones como esa.
Lo bueno de las novelas históricas es que uno se mete impunemente en la vida privada de grandes personajes, sin la culpa que puede producir el chisme cotidiano... el hecho de que las palabras estén impresas y que se trate de la reconstrucción que muestra la forma de vida de una sociedad antigua da permiso para inmiscuirse. Uy, ni hablar de los enredos moralmente reprobables de la mitología grecorromana, que dejan chicos a varios criminales actuales.
Si lo vemos así, soy una vieja chismosa, pero letrada.
Lo bueno de las novelas históricas es que uno se mete impunemente en la vida privada de grandes personajes, sin la culpa que puede producir el chisme cotidiano... el hecho de que las palabras estén impresas y que se trate de la reconstrucción que muestra la forma de vida de una sociedad antigua da permiso para inmiscuirse. Uy, ni hablar de los enredos moralmente reprobables de la mitología grecorromana, que dejan chicos a varios criminales actuales.
Si lo vemos así, soy una vieja chismosa, pero letrada.
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