La tumba de un poeta está en el agua.
En corrientes frías y oscuras.
Otras veces en la brisa
que respira frescura.
Tal vez en los labios donde murieron versos
Envueltos en hojas impresas de hechos diversos.
Encerrados en una gota inquieta
que bajó un momento del cielo
para refrescar con su aliento de dicha
a los que seguimos en el suelo.
La tumba de un poeta está en la sangre
que bombea recuerdos al cerebro
resonando como eco en los oídos
de quien escapa del propio infierno.
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lunes, 3 de febrero de 2020
miércoles, 30 de octubre de 2019
En tu nombre
Lisboetas.
Pruebo delicados dulces de convento y me siento más cerca de tu cielo.
El humo de las castañas asadas se parece tanto, tanto al color de tu pelo.
Las baldolsas con estrellas y flores, las camino contigo. De la plaza al obelisco, la estación, el puente, hasta el castillo.
Me pareció verte subir al tranvía 28, con el sombrero de Pessoa. Amalia, eterna, nos canta y hoy pasamos por la casa de Saramago. Subimos y bajamos calles empedradas de versos magníficos, al son de campanas verdes. Ya sabes, las que han gastado los poetas.
lunes, 11 de octubre de 2010
Federico

Ese "Federico, ¿te acuerdas?" me llevó a revolver la biblioteca familiar para buscarlo. Así me encontré con la luna, luna, con el verde, verde, con la pena negra que hace llorar jugo de limón y con el viento que ciñe a la niña por la cintura, con Antoñito y Santa Olalla. Ay, Federico, que sentía, sentía.
Uno de los homenajes más lindos, escritos por el poeta rancagüino
viernes, 24 de septiembre de 2010
Don Neruda
Debe ser el primer poeta que leí. Todo por esa antología que rondaba en la casa.
Primero las odas, después Salitre. De a poco me fue gustando.
El 23 fue otro aniversario de su partida y hoy veo en las noticias que Plácido Domingo lo representa en una versión de Ardiente Paciencia.
Será bueno, entonces, recordar alguno de sus versos
DE endurecer la tierra
se encargaron las piedras:
pronto
tuvieron alas:
las piedras
que volaron:
las que sobrevivieron
subieron
el relámpago,
dieron un grito en la noche,
un signo de agua,
una espada violeta,
un meteoro.
El cielo
suculento
no sólo tuvo nubes,
no sólo espacio con olor a oxigeno,
sino una piedra terrestre
aquí y allá, brillando,
convertida en paloma,
convertida en campana,
en magnitud, en viento
penetrante:
en fosfórica flecha, en sal del cielo.
Primero las odas, después Salitre. De a poco me fue gustando.
El 23 fue otro aniversario de su partida y hoy veo en las noticias que Plácido Domingo lo representa en una versión de Ardiente Paciencia.
Será bueno, entonces, recordar alguno de sus versos
DE endurecer la tierra
se encargaron las piedras:
pronto
tuvieron alas:
las piedras
que volaron:
las que sobrevivieron
subieron
el relámpago,
dieron un grito en la noche,
un signo de agua,
una espada violeta,
un meteoro.
El cielo
suculento
no sólo tuvo nubes,
no sólo espacio con olor a oxigeno,
sino una piedra terrestre
aquí y allá, brillando,
convertida en paloma,
convertida en campana,
en magnitud, en viento
penetrante:
en fosfórica flecha, en sal del cielo.
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