
Con imaginación todo puede ser maravilloso.
En un mundo imaginario hay casas que hacen cosas. Algunas lo hacen conforme a la ley, otras de mala forma.
Los Andes es mágico



¡Qué ganas de ir a una fiesta de disfraces! Por el puro gusto de disfrazarse, como cuando era chica y una rama era una varita mágica, un collar de plástico eran las alhajas de una reina y mi par de botas vaqueras eran una Daisy Duke instantánea.
Era entretenido preparar los actos de fin de año del colegio, donde además de disfrazarse de algo había que poner en escena un momento de la vida de ese alguien.
Si la fiesta fuera ahora, iría disfrazada de La Tigresa del Oriente, ¡¡¡Grrrrrr!!!