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martes, 9 de agosto de 2011

Enseñanzas de Metro

Gracias a que uso el Metro a diario he aprendido muchas cosas:

Que la mañana es la mejor hora para andar apretujado, por la temperatura, el efecto mágico del baño reciente, el ánimo imperante (onda "vamos a") y la escasez de gente copeteada que te eche el aliento.

Que la sonrisa y el "por favor" mantienen sus efectos maravillosos, aunque disminuye su eficacia en forma inversamente proporcional a la densidad de personas por metro cuadrado.

Que cuando hay movilizaciones, manifestaciones o actos culturales, uno puede experimentar vívidamente lo que sienten los perritos antes de nacer (apretados por todos lados por otros seres similares que se mueven, a veces te pegan y todo está medio húmedo y tibio).

Que en casos de premura, se pasan por alto todas las incomodidades.

Que las ventanas son un invento preciado por su escasez en los aparatos subterráneos.

Que todavía hay gente amable en Santiago y que aunque haya 20 caras agrias que bufan, una sola que sonría y anime es suficiente para llenar un vagón entero de buena onda y hacer del viaje una buena experiencia.

martes, 6 de mayo de 2008

Paciencia


Hoy en la mañana fui una de las muchas personas embotelladas en el Metro. Aparte de las usuales quejas -medio en voz alta- de la gente: "parecen animales" (aunque los animales obedecen), "mffffmff" y "hshshshssh" en los televisores se les ocurre poner la cita de Franklin "Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea".
Cosas raras que pasan de vez en cuando.