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miércoles, 5 de junio de 2019
Comerse la tristeza
Es sorprendente cómo el cuerpo reacciona y se desenvuelve con la pena. En marzo, cuando se murió mi papá, estuve llena de moretones. Después tuve pequeñas infecciones en la piel en diferentes partes del cuerpo y pese a que no he comido exageradamente, he engordado mucho. Me cuesta más ver con poca luz, a veces me duele la cabeza de un momento a otro, o los oídos, pero no he estado resfriada. Ya luego me voy a hacer el chequeo anual de salud, pero no creo que haya mucha diferencia con el del año pasado, sólo que ahora soy territorio de oleadas intermitentes de tristeza.
jueves, 25 de abril de 2019
Jardinear
Mi casa de infancia estaba llena de plantas, rosales, enredaderas, naranjos, parras. Yo siempre como que le tuve susto a poner plantas y que no crecieran. En el departamento de Valparaíso teníamos apenas dos plantitas, una se murió y la otra la heredó la C. En Lolol hubo más y fue nuestro primer intento con el ciboulette. En la Francia no tuvimos ni una. Ahora que llevamos varios años en Santiago, echando raíces, de a poquito vamos atreviéndonos con las plantas. Ciboulette creciendo vigoroso, algunos cactus que van bien, un romero que va prendiendo, laurel firme, naranjo con fuerza (segundo año que voy a hacer mermelada), damasco chiquitito, pero nos regala como 20 frutas anuales. Pienso plantar unas semillas de pimentón que tengo guardadas y el otro año, zapallos de los que nos convidaron de su huerta los compadres. Las monas chicas aprendiendo también a hacer hoyos con la palita, a regar con cuidado las flores y a disfrutar lo rico que nos da la tierra.
martes, 1 de junio de 2010
En un segundo
Todo está cambiando constantemente, pero sólo nos damos cuenta cuando se trata de cosas importantes, que nos obligan a mirar desde otro lado.
Cada segundo cambia el mundo. A veces reímos y otras lloramos.
Cambiamos porque vivimos.
Y nunca estamos solos; nuestros compañeros, vivos o muertos, siguen dentro nuestro; el Amor Eterno siempre está en nosotros y nosotros en él. Aunque no nos demos cuenta. Espera, muy paciente, a que abramos los ojos y caminemos a su lado.
Cada segundo cambia el mundo. A veces reímos y otras lloramos.
Cambiamos porque vivimos.
Y nunca estamos solos; nuestros compañeros, vivos o muertos, siguen dentro nuestro; el Amor Eterno siempre está en nosotros y nosotros en él. Aunque no nos demos cuenta. Espera, muy paciente, a que abramos los ojos y caminemos a su lado.
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