sábado, 2 de agosto de 2008

Lugar y hora


Hace tiempo que no tenía esa linda sensación de estar en el lugar adecuado en el momento propicio. Como cuando me subí en Playa Ancha a una micro solitaria y en el asiento escogido muy arrugado había un billete de mil pesos que me salvó para los pasajes de la semana.
Ahora fue diferente: caminando un rato con Estudioso -mi señor esposo- por el barrio donde vivieron mis padres en su niñez, escuchamos salir desde el Galpón bautizado como uno de los candidatos a los Grandes Chilenos (participe en el relato, señor lector) unos acordes melodiosos bien bonitos. Las puertas estaban abiertas, así que nos asomamos un poco para ver. En el escenario había cerca de una docena de zampoñeros que tocaban mejor que cualquiera que hayamos escuchado antes. Ya, nos pareció entretenido y nos asomamos un poco más. Era un ensayo, se notaba. Como nadie nos dijo ni preguntó nada, seguimos mirando, cuando desde la izquierda salen un par de rucios, un moreno crespo y un pelado, con flauta traversa, violín, guitarras... ¡Flairck!, le dije y sí, eran ellos. Estuvimos casi media hora escuchando cosas lindas (entre ellas la Llorona, la que cantaba Chavela Vargas). Salimos contentos y con el pecho apretadito.

6 comentarios:

Ya tú sabes dijo...

que bueeeeena

Anónimo dijo...

dicen que las mejores cosas de la vida son gratis

Sebastian Norris dijo...

No cache po Ñoña...
Te colaste al Vistor Jarars ??

U sabis que una vez, con unos compañeros fuimos a una custion po.
Alvarito nos dijo: Oye toca TRYO gratis.
A vamos a cachar que onda esos jiles le dijimos y partimos a la quinta vergara.
Y despues de TRYO, que dentro de too no eran tanpencas, sale una banda llamada Zeus.
O la wea malaaaaaaaaaaaa !!!
Y despues salieron unos mapuches a wear con los tamboricots !!!!!!
Que terrible !!!!!!
Jajaja.

Ya Ñoñis.
Becho becho.
Babai !!!

Ñoña memoriona dijo...

Al mismísimo galpón

pez dijo...

Yo no los conozco, pero me encantó el relato de coincidencias.

El tema me hizo recordar una vez que volvía de la U caminando con un ex pololo, hablando de las ganas tremendas que teníamos de ir al cine, las que no podíamos satisfacer porque no teníamos NIUNO. Íbamos en eso, divagando por Brown Norte, cuando de pronto vemos un papelito rojo arrugado en el suelo... nos miramos, corrimos y lo agarramos. Una gabriela. Justo para el cine. Al poco rato estábamos felices instalados en una butaca del hoyts. Fue lo mejor. Parafraseando a Luchito Jara: un golpe de suerte.

Ñoña memoriona dijo...

Son de las cosas que hacen recordar lo que escribe Jodorowsky y pensar en bonito.