miércoles, 12 de diciembre de 2007

Comidas


El fin de semana salimos con unos amigos y mi marido comió caracoles, los de tierra (helix aspersa). Yo no me animé a probar, porque soy medio prejuiciosa con la comida que no conozco (ni hablar de pagar por un plato y no comerlo). Tengo claras las texturas que me gustan (no la de los mariscos, ni la gelatina muy dura, sentir su consistencia me da un poco de asco) y un caracol no se acerca a mi ideal.
De cosas diferentes he comido ciervo, conejo, pato, jabalí y ganso. No me gustan los corderos, los chunchules, ubres, sesos ni los cabritos.
Créanme que he tratado, pero hay cosas que simplemente no van conmigo.
Me gustan las prietas (morcillas), coliflores, betarragas y brócoli.
Una observación: no me molesta que una persona a mi lado coma guatitas o mariscos, siempre y cuando el olor no me desagrade.

Algunas personas deben ya considerarme odiosa y medio lesa por mis preferencias.
Otra maña que tengo es la de los olores. Si me molesta sentir el olor a ajo o a cloro que queda en las manos, imagínense lo que sufro en el metro durante el verano, en algunos conciertos, o en algunos lugares (como pasar donde estuvo la feria cuando los jugos de los pescados ya se secaron en el pavimento). He inventado algunas tácticas para concentrarme en otra cosa y "sentir menos" los olores, a veces resultan un poco.
En fin, de platos y cosas se nos llena el estómago.
Me comería unos gnocchi con salsa de tomates como los que hacíamos en la casa...

1 comentario:

Ñoña memoriona dijo...

Respecto a lo mismo: a veces puedo distinguir la cepa que estamos tomando y algunos aromas. (Me creo la muerte)